Entrevista con Agustina Bazterrica: Proceso creativo, distopía y escritura
By Daniel Sepúlveda
Si te gusta la literatura distópica y las historias que llevan nuestra realidad hasta lugares incómodos, seguramente conoces a Agustina Bazterrica. La autora argentina es conocida principalmente por novelas como Cadáver exquisito y Las indignas, dos obras en las que aparecen temas como la violencia, el control, la religión, el poder y la supervivencia.
Tuve la oportunidad de conversar con ella durante su visita a Colombia y hablamos sobre algo que suele interesar mucho a quienes escribimos: ¿de dónde salen sus historias?
También hablamos sobre el origen de Las indignas, la influencia de sus experiencias personales, la razón por la que su protagonista no tiene nombre, su rutina de escritura, el papel que tienen las ferias del libro en su proceso creativo y los autores que recomienda leer.
Agustina Bazterrica y su relación con la literatura distópica
Una de las primeras cosas que quise preguntarle a Agustina fue cómo comenzó su relación con la distopía y su respuesta me pareció especialmente interesante porque desmonta una idea bastante común entre quienes son escritores: primero eligen un género y después se construye una historia alrededor de él.
En su caso ocurrió al revés: cuando comenzó a escribir Cadáver exquisito, no estaba pensando en hacer una novela distópica. Simplemente tenía una historia y quería descubrir hasta dónde podía llevarla utilizando las herramientas que tenía en ese momento. Fue después de ganar el Premio Clarín cuando tuvo que ponerle una etiqueta a la novela. Durante una entrevista posterior al premio le preguntaron en qué género podía inscribirse la obra y respondió que era una distopía.
Hasta ese momento, ni siquiera había estudiado otras distopías específicamente para escribirla. Después sí se acercó al género con mayor profundidad: volvió a leer obras que ya conocía, como 1984 y Un mundo feliz, y estudió otras novelas para comprender mejor esa tradición.
Esto también explica algo importante sobre su manera de escribir, ya que Agustina no parece partir de una fórmula del género para construir sus historias. Primero está la historia y después aparece la necesidad de comprender cómo funciona dentro de una tradición literaria.
En su obra, además, los géneros no aparecen necesariamente separados. Ella misma explicó que Cadáver exquisito puede considerarse una distopía, pero que en Estados Unidos también ha sido considerada una novela de terror. Para Agustina, estas categorías pueden mezclarse y trabajar de manera transversal.
Las indignas vuelve a acercarse a la distopía, aunque su trabajo actual también la está llevando a investigar una historia que no pertenecerá a ese género. Y ahí aparece una de las claves más interesantes de su proceso creativo: aunque intente alejarse de determinado tipo de historia, algunas ideas vuelven a buscarla.
¿De dónde sale la oscuridad de sus historias?
Agustina reconoce que no siempre sabe explicar exactamente de dónde surge esa atracción por las historias oscuras. Lo que sí identifica es su interés por llevar una realidad que conocemos hasta un extremo y preguntarse qué ocurriría si ese escenario se volviera todavía más radical.
En la conversación lo explicó de una manera muy clara: le interesa pensar qué pasaría si este mundo que conocemos fuera llevado a un extremo total y si ella misma podría sobrevivir en él. La respuesta que se da es bastante contundente: probablemente no sobreviviría ni cinco minutos, pero escribir sobre esas situaciones le permite enfrentarse a ese pensamiento.
Para un escritor, esta idea resulta especialmente útil. No siempre es necesario encontrar una explicación completamente racional para una obsesión creativa. A veces una imagen, una pregunta o una situación comienza a repetirse y el trabajo consiste en seguirla hasta descubrir qué historia contiene. Eso parece haber ocurrido varias veces en la obra de Agustina.
El origen de Las indignas: un monasterio en Cuzco
El origen de Las indignas sí tiene un punto de partida bastante concreto: Durante un viaje a Cuzco, Agustina visitó un monasterio como turista. Su formación en Historia del Arte hizo que el arte cusqueño despertara su interés, pero el lugar produjo en ella una sensación muy diferente, le pareció siniestro. Al salir del monasterio tuvo una idea muy concreta: tenía que escribir sobre monjas. Y a partir de ahí comenzó a tomar forma Las indignas.
Pero ese viaje no fue la única fuente que terminó alimentando la novela. Agustina también estudió en un colegio de monjas en Buenos Aires, esa experiencia personal permaneció en su memoria y volvió a aparecer mientras construía la historia. En particular, recordó una contradicción que había experimentado durante esos años: por un lado estaba el discurso de amar al prójimo y, por otro, las dinámicas de control, crítica y enfrentamiento que podían existir dentro de aquel entorno. Esa experiencia terminó convirtiéndose en material narrativo.
La novela presenta un mundo posterior a grandes crisis ambientales en el que varias mujeres buscan refugio en una comunidad religiosa sometida a un sistema de control. La historia está narrada mediante un diario clandestino escrito por una de ellas.
La propia Agustina explicó que utilizó su experiencia de vida como uno de los elementos para construir la novela. Esto demuestra algo que suele ser importante en la escritura de ficción: una experiencia personal no tiene que trasladarse directamente a una historia para convertirse en material literario. Puede transformarse, mezclarse con otras ideas y terminar formando parte de un mundo completamente diferente.
Por qué la protagonista de Las indignas no tiene nombre
Uno de los detalles que más llaman la atención de este libro, es que su protagonista no tiene nombre y durante la entrevista le pregunté precisamente por esa decisión.
La respuesta tiene que ver con la propia lógica del relato, pues la protagonista está escribiendo un diario clandestino. Lo esconde porque, si descubren que está escribiendo, pueden matarla. En esas circunstancias, no tendría sentido que comenzara el diario identificándose explícitamente. Pero existe además otra razón: Agustina quería que las personas que se perciben como mujeres pudieran imaginarse en el lugar de esa protagonista.
Es una decisión sencilla en apariencia, pero tiene una función narrativa clara. El anonimato no está ahí por casualidad: forma parte de la situación en la que se encuentra el personaje y, al mismo tiempo, amplía la posibilidad de identificación.
La novela deja además ciertos elementos abiertos para que cada persona pueda completar la historia desde su propia interpretación. Y esto se relaciona con otra de las cosas que Agustina disfruta de las ferias y de encontrarse con sus lectores: descubrir interpretaciones que ella misma no había contemplado.
Cómo cambió su escritura después de Cadáver exquisito
Otra pregunta que me interesaba hacerle era qué había cambiado entre la escritura de Cadáver exquisito y Las indignas. Su respuesta tiene mucho que ver con la experiencia que acumuló entre una novela y otra.
Cuando escribió Cadáver exquisito, todavía no daba clases ni talleres de escritura. Muchas de las cosas que sabía sobre el oficio estaban presentes de una manera más intuitiva. Después, comenzó a dar talleres y enseñar la escritura, obliga a convertir lo intuitivo en algo que pueda explicarse.
Agustina tuvo que sistematizar conocimientos que antes estaban en su cabeza de una manera menos organizada. Ese proceso terminó influyendo también en su propia escritura. Por eso considera que Las indignas tiene una escritura más sólida que Cadáver exquisito.
Y esta es una de las ideas más interesantes de toda la conversación para cualquier persona que quiera escribir: Enseñar no solamente sirve para transmitir lo que sabes, también puede ayudarte a entender mejor aquello que haces cuando escribes.
Cuando tienes que explicar por qué una escena funciona, cómo construyes un personaje o qué decisiones tomas durante una corrección, muchas intuiciones terminan convirtiéndose en herramientas conscientes y esas herramientas pueden regresar después a tu propia obra.
Las ferias del libro también forman parte del proceso creativo
Agustina me contó que una de las cosas que más disfruta de las ferias del libro son las mesas y las entrevistas. Puede parecer curioso, porque normalmente pensamos que una entrevista es una actividad relacionada con la promoción de un libro. Para ella, sin embargo, también tiene una función creativa.
Cuando escribe, no necesariamente está pensando de forma consciente en cada una de las ideas que aparecen en la novela. No está diciéndose, por ejemplo, que determinada escena existe específicamente para criticar el patriarcado o que otra tiene como objetivo cuestionar el capitalismo. La historia avanza y las decisiones se van tomando durante el proceso.
Después llega una entrevista y alguien le pregunta por qué escribió determinada escena o por qué tomó determinada decisión y eso la obliga a alejarse de su propia obra y observarla desde otro lugar. Según explicó, esas preguntas terminan alimentando su propia lectura del libro.
Es una idea que me parece especialmente interesante para quienes escriben: terminar un manuscrito no significa necesariamente haber terminado de descubrirlo. A veces son los lectores quienes encuentran cosas que el propio autor no había visto.
Cuando los lectores encuentran significados que el autor no había pensado
Durante la conversación, Agustina contó un ejemplo concreto relacionado con Las indignas. En la novela aparecen unos huesos que brillan en la oscuridad y una lectora le preguntó por qué ocurría esto. Para Agustina, la explicación estaba relacionada con un mito argentino conocido como la luz mala, asociado a la luz que aparece sobre los restos de animales muertos en la Pampa.
La lectora, sin embargo, había interpretado el brillo de otra manera: como el mundo de la novela está contaminado, pensó que los huesos brillaban debido a la radiación. Agustina le explicó su propia intención, pero también reconoció que la interpretación de la lectora tenía sentido dentro de las reglas del mundo que había construido, y eso le pareció una buena lectura.
Este ejemplo resume muy bien algo que ocurre con la ficción: una vez que el libro llega a otras personas, deja de pertenecer exclusivamente a la intención inicial del escritor, pues el lector completa los espacios que encuentra. Para quien escribe, aprender a aceptar esas interpretaciones puede ser tan importante como defender las decisiones originales de una obra.
La rutina de escritura de Agustina Bazterrica
En cuanto a su rutina, Agustina explicó que durante muchos años escribió principalmente de noche porque trabajaba durante el día. Tanto Cadáver exquisito como Las indignas y sus cuentos fueron escritos siguiendo, en general, ese horario. Ahora se encuentra en una etapa diferente porque tiene más tiempo disponible para escribir, aunque todavía está descubriendo cómo será esta nueva rutina.
Hay algo que sí se mantiene: la música. Agustina suele escribir escuchando música en otro idioma para evitar distraerse con las letras. Además, utiliza canciones que puede repetir una y otra vez, casi como un mantra, mientras trabaja. En el caso de Las indignas, incluso llegó a escribir en la cama acompañada por sus gatos.
No hay una fórmula única para construir una rutina de escritura. Lo interesante de su caso es que encontró elementos que le permiten aislarse del entorno y concentrarse en el texto.
Para algunos escritores será el silencio. Para otros, la música, una determinada habitación, un horario concreto o cualquier otro ritual que ayude a marcar el momento de entrar en el trabajo.
Los autores que Agustina Bazterrica recomienda leer
Antes de terminar la entrevista, le hice una pregunta que suelo incluir en mis conversaciones con escritores: ¿cuáles son los tres libros recomendaría a cualquier persona?. Agustina aclaró que podría mencionar muchos más, pero estos son los tres que escogió:
Glosa, de Juan José Saer
La novela gira alrededor de dos personajes que caminan durante veintiuna cuadras mientras reconstruyen una fiesta a la que ninguno de los dos asistió. A partir de esa situación aparentemente sencilla, aparecen recuerdos, versiones, conversaciones y diferentes formas de reconstruir lo ocurrido.
Agustina destacó su trabajo intelectual, la ironía y el uso del lenguaje. También advirtió que es un libro que exige un lector activo y atento. Y su recomendación para quienes escriben es muy directa: leer a Saer para aprender cómo escribir.
Canción dulce, de Leïla Slimani
La novela comienza con una familia que contrata a una niñera para cuidar a sus hijos. A partir de ahí se desarrolla una historia en la que las relaciones entre los personajes van adquiriendo una dimensión cada vez más inquietante.
Agustina la recomendó porque le parece un libro muy bien escrito y destacó el impacto de la historia sin revelar su desarrollo.
Mi abandono, de Peter Rock
La novela parte de un caso real: un padre y su hija viven ocultos en los bosques de Oregón hasta que son descubiertos y las autoridades intentan incorporarlos nuevamente a la sociedad. Peter Rock toma ese hecho y lo convierte en ficción. Agustina destacó precisamente esa transformación de una noticia real en una historia literaria.
Y es interesante que sus tres recomendaciones sean tan diferentes entre sí. Una novela centrada en el lenguaje y la reconstrucción de la memoria, un thriller psicológico y una historia de supervivencia construida a partir de un caso real.
Qué podemos aprender del proceso creativo de Agustina Bazterrica
Si algo queda claro después de escuchar a Agustina, es que su proceso creativo no parte necesariamente de una etiqueta. No se sentó a escribir Cadáver exquisito porque quisiera escribir una distopía, sino que la historia apareció primero y el género llegó después.
En Las indignas, el punto de partida fue una experiencia concreta: la visita a un monasterio en Cuzco. A eso se sumaron recuerdos personales, experiencias escolares, preguntas sobre la religión y la doble moral, y una serie de decisiones narrativas que terminaron construyendo la novela.
También hay una evolución en su forma de trabajar: lo que antes hacía de manera intuitiva comenzó a sistematizarse después de años de enseñar escritura. Esa experiencia terminó repercutiendo en su propia manera de escribir y corregir.
Y quizá una de las mejores lecciones está en la relación con los lectores: Agustina no considera que una interpretación diferente a la intención original sea necesariamente un error. Al contrario, una lectura inesperada puede revelar posibilidades que el propio escritor no había contemplado.
Para quienes están del otro lado, frente a una página en blanco, es un buen recordatorio: escribir no siempre consiste en saber exactamente qué se quiere decir desde la primera página. A veces se trata de encontrar una pregunta, seguirla y descubrir qué historia aparece al otro lado.
¿Qué te ha parecido?
La conversación con Agustina Bazterrica deja varias ideas interesantes para quienes disfrutamos de la literatura de terror, la distopía y la ficción que lleva la realidad hasta sus límites.
Su manera de abordar las historias, su rutina de escritura y, sobre todo, la forma en que convierte experiencias, recuerdos e interpretaciones de los lectores en parte de su proceso creativo muestran que no existe una única manera de escribir.
Espero que esta entrevista te haya servido para conocer mejor a Agustina Bazterrica y, si eres escritor, para encontrar alguna idea que puedas aplicar a tu propio proceso creativo.
Y tú, ¿has leído Cadáver exquisito o Las indignas? Cuéntame en los comentarios cuál de sus libros has leído y qué interpretación te dejó.
