Entrevista con Paloma Sánchez-Garnica: Proceso creativo, investigación y escritura
By Daniel Sepúlveda
Hablar con Paloma Sánchez-Garnica es acercarse a una forma de entender la escritura en la que la curiosidad tiene un papel fundamental. La autora madrileña, licenciada en Derecho y en Geografía e Historia, ha construido buena parte de su obra alrededor de personajes que viven momentos de grandes cambios históricos, pero su interés no está tanto en explicar esos acontecimientos, sino en descubrir qué hacen las personas corrientes cuando tienen que enfrentarse a ellos. Esa mirada está presente en novelas como La sospecha de Sofía, Últimos días en Berlín y Victoria, con la que obtuvo el Premio Planeta 2024.
Durante mi conversación con Paloma Sánchez-Garnica en la Feria Internacional del Libro de Bogotá hablamos precisamente de ese proceso: de la relación que mantiene con Berlín, de la investigación que realiza antes de escribir, de la manera en que convierte los grandes acontecimientos históricos en experiencias personales y, sobre todo, de la disciplina que hay detrás de sus novelas. Porque si algo queda claro después de escucharla es que para ella escribir no depende únicamente de la inspiración. Es un oficio y, como cualquier oficio, exige trabajo, constancia y muchas horas frente al ordenador.
Berlín como escenario y como punto de partida
Hay una ciudad que aparece de manera especialmente significativa en varias novelas de Paloma Sánchez-Garnica: Berlín. La sospecha de Sofía, Últimos días en Berlín y Victoria son novelas independientes en cuanto a sus tramas y personajes, pero comparten esta ciudad como escenario central, hasta el punto de que la propia editorial ha agrupado las tres bajo el concepto de Trilogía Berlín.
En la entrevista, Paloma me contó que su relación con Berlín comenzó mucho antes de que pensara en convertirla en materia literaria. Cuando tenía 27 años viajó a la ciudad apenas cuarenta días antes de la caída del Muro de Berlín. Atravesó la frontera entre la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana y experimentó un contraste que se le quedó grabado: por un lado, un Berlín occidental vital y lleno de movimiento; por otro, una ciudad oriental que percibió como detenida en el tiempo.
Poco después, el 9 de noviembre de 1989, cayó el Muro. Aquella experiencia hizo que Berlín permaneciera en su memoria durante años y, posteriormente, se convirtió en una fuente de preguntas literarias. Primero apareció el interés por el Muro y por la división de la ciudad en La sospecha de Sofía. Después, la autora quiso retroceder hasta los años treinta para comprender el ascenso del nazismo y sus consecuencias, algo que desembocó en Últimos días en Berlín. Y entonces surgió una nueva pregunta: ¿qué había ocurrido en Berlín entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la construcción del Muro en 1961?
De esa manera, una novela fue llevando a otra pregunta histórica. Y esa pregunta terminó conduciéndola a Victoria, una novela ambientada en el Berlín de posguerra y que también se desplaza hasta Estados Unidos, donde la protagonista se encuentra con el racismo y el macartismo. La información editorial de la novela confirma estos escenarios y sitúa la historia en el Berlín posterior a la Segunda Guerra Mundial y en los Estados Unidos de la época.
Lo interesante para quien escribe es que Berlín no funciona únicamente como un decorado. En las palabras de Paloma Sánchez-Garnica, la ciudad contiene historias en cada rincón, especialmente cuando se observa su transformación durante el siglo XX. Para un escritor, ese planteamiento cambia la forma de mirar una localización: una ciudad puede ser mucho más que el lugar donde sucede una trama si su pasado ayuda a generar preguntas, conflictos y situaciones para los personajes.
¿Cómo llevar los acontecimientos históricos a la vida de los personajes?
Una de las preguntas que más me interesaba hacerle tenía que ver precisamente con eso. Sus novelas se desarrollan en momentos históricos concretos, pero no parecen construidas para explicar la Historia con mayúscula. Lo que hace Paloma Sánchez-Garnica es llevar esos acontecimientos hasta la vida cotidiana de personas que tienen que tomar decisiones dentro de unas circunstancias que no han elegido.
Su respuesta fue clara: lo que le interesa es la curiosidad por entender cómo funcionan los seres humanos y, en particular, cómo gestionamos sentimientos que considera universales. La necesidad de sobrevivir, de amar y ser amado, de encontrar un lugar en el mundo, la ambición, la envidia o el deseo son experiencias que pueden aparecer en diferentes épocas y culturas. Lo que cambia es el contexto en el que cada persona tiene que enfrentarse a ellas.
Ahí está una de las claves de su manera de escribir. El mismo sentimiento puede adquirir consecuencias diferentes dependiendo de las leyes, las costumbres, los valores morales y las circunstancias sociales de un periodo determinado. Una persona puede tener una determinada capacidad para decidir, pero esa capacidad está condicionada por el mundo en el que vive.
Paloma Sánchez-Garnica estudió los grandes acontecimientos históricos, desde las batallas y los movimientos políticos hasta los cambios filosóficos, literarios, económicos y sociales. Sin embargo, su literatura parte de otra perspectiva: la de la intrahistoria, es decir, la manera en que las personas corrientes viven dentro de esos grandes procesos.
Por eso ella misma explica que no suele considerar sus novelas como novelas históricas en sentido estricto. Su interés no está en narrar los grandes hechos históricos por sí mismos, sino en mostrar cómo las personas viven y toman decisiones dentro de un contexto determinado.
Para mí, esta es una de las ideas más útiles de toda la conversación para cualquier persona que quiera escribir narrativa histórica: investigar un periodo no consiste solamente en saber qué ocurrió, sino en comprender cómo ese contexto modificaba la vida de quienes estaban dentro de él.
La investigación detrás de sus novelas
Para conseguir que una historia situada en otro periodo resulte creíble, Paloma Sánchez-Garnica realiza un proceso de documentación amplio. En el caso de Victoria, una de las dificultades estuvo precisamente en encontrar información sobre los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial en Berlín, especialmente sobre el bloqueo de la ciudad y sobre cómo lo vivieron sus habitantes en ambos lados.
La autora explicó que existe abundante documentación sobre el Muro y sobre la Guerra Fría una vez que esta ya está plenamente desarrollada, pero que necesitó buscar más para comprender aquellos primeros años, cuando Berlín era una ciudad ocupada y dividida, aunque todavía no existía el Muro físico.
Para reconstruir ese mundo, no se limita a ensayos históricos. Lee novelas escritas durante la época que está investigando, consulta películas, documentales, artículos y ensayos y trata de acercarse a la mentalidad de las personas que vivieron entonces. También presta atención a aspectos que pueden parecer pequeños, pero que son esenciales para que una época cobre vida: la manera de vestir, de pensar y de relacionarse.
Este punto es importante porque muestra una diferencia entre conocer la historia de un periodo y conocer la experiencia cotidiana de quienes vivieron en él. Los acontecimientos históricos permiten establecer el marco general, pero las novelas, películas y otros testimonios culturales ayudan a aproximarse a la forma de pensar y de sentir de una sociedad.
En el caso de Victoria, además, la investigación la llevó desde Berlín hasta Estados Unidos y hacia cuestiones como el racismo y el macartismo. La propia novela utiliza esos acontecimientos para mostrar cómo las grandes decisiones políticas terminan afectando a personas concretas. Esa relación entre contexto histórico y vidas individuales es también uno de los elementos que la presentación oficial del Premio Planeta destaca de la obra.
Más allá de los datos históricos
Hay otra enseñanza importante en la forma de trabajar de Paloma Sánchez-Garnica: para escribir sobre una época no basta con acumular datos.
Ella habla de leer mucho, ver películas y documentales, buscar información y, sobre todo, darle vueltas a todo ese material hasta intentar pensar como las personas de aquella época. Ese último paso es probablemente uno de los más difíciles, porque obliga al escritor a apartarse de su propia perspectiva y tratar de comprender unas circunstancias sociales y morales diferentes.
Esto resulta especialmente relevante cuando se escribe sobre periodos que hoy pueden parecernos muy lejanos. No se trata de justificar las decisiones de los personajes desde los valores actuales, sino de entender qué posibilidades tenían, qué información manejaban y qué normas sociales condicionaban su comportamiento.
En una novela histórica, esa diferencia puede marcar la construcción de un personaje. Si se le hace pensar exactamente como una persona del presente, aunque la acción ocurra décadas atrás, el contexto pierde fuerza. La documentación, en cambio, permite que las decisiones de los personajes nazcan de su propio tiempo.
Una rutina concreta de escritura
Cuando le pregunté a Paloma Sánchez-Garnica por su rutina de escritura, la respuesta fue muy distinta a la idea romántica del escritor que espera a que llegue la inspiración. Para ella, escribir es un oficio y también una forma de vida. Por eso tiene una rutina establecida y escribe de lunes a lunes, aunque no todos los días escriba la misma cantidad.
Su jornada comienza temprano. Antes de sentarse frente al ordenador hace yoga, nada y desayuna. A las nueve de la mañana comienza su jornada de trabajo y procura dejar el mundo exterior fuera: sin móvil y sin distracciones, concentrada en sus personajes o en la lectura.
También tiene un espacio de trabajo muy definido. No puede escribir en cualquier lugar y necesita hacerlo en su mesa, frente a su ordenador y rodeada de sus libros. Esa biblioteca que tiene detrás de ella forma parte, de alguna manera, de ese entorno de concentración que necesita para trabajar.
Hay incluso un elemento musical asociado a cada novela. Para cada proyecto elige una banda sonora y escucha siempre la misma música mientras escribe esa obra. No es una cuestión de crear un ritual decorativo, sino de construir un entorno estable que le permita entrar en el mundo de la novela.
Su jornada continúa después de la comida y la siesta, y vuelve a trabajar por la tarde hasta aproximadamente las nueve o nueve y media. Lo que aparece detrás de esta rutina es una concepción muy concreta de la escritura: si una novela requiere investigación, lectura, análisis y muchas horas de trabajo, la disciplina termina siendo una parte fundamental del proceso creativo.
Curiosidad, investigación y personajes
Si tuviera que resumir buena parte de la conversación con Paloma Sánchez-Garnica en una sola idea, sería la palabra curiosidad. Sus novelas parecen comenzar con una pregunta que la autora necesita responder. ¿Cómo se llegó hasta determinada situación? ¿Cómo vivieron las personas un momento concreto? ¿Qué ocurrió con quienes tuvieron que sobrevivir dentro de un determinado contexto?
A partir de ahí comienza la investigación, pero la investigación no es todavía la novela. El siguiente paso consiste en encontrar a las personas que puedan vivir dentro de ese mundo. Y es ahí donde la historia deja de ser una sucesión de acontecimientos para convertirse en narrativa.
En Últimos días en Berlín, por ejemplo, el contexto histórico permite abordar el ascenso de los totalitarismos, la Revolución rusa, el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, pero la historia se construye a través de personajes que deben desenvolverse dentro de esas circunstancias. La editorial describe precisamente la novela como una historia que transcurre entre San Petersburgo y Berlín y que utiliza esos escenarios para mostrar las consecuencias de los grandes procesos políticos sobre quienes los viven.
Algo parecido ocurre con Victoria. La novela se mueve entre el Berlín de posguerra y Estados Unidos y utiliza ese recorrido para situar a sus personajes frente a situaciones relacionadas con el racismo, el miedo y el macartismo.
Por eso, cuando piensas en cómo escribir novela histórica, puede ser útil observar el método que explica Paloma Sánchez-Garnica: primero está la pregunta, después la investigación y finalmente la búsqueda de la experiencia humana que permita convertir todo ese material en una historia.
Los libros que recomienda Paloma Sánchez-Garnica
Al final de la entrevista le pedí que recomendara tres libros. La primera recomendación fue Honrarás a tu padre, de Gay Talese, que era la obra que estaba leyendo en ese momento. La edición en español está publicada con ese título y corresponde a la obra de no ficción de Talese sobre la familia criminal Bonanno.
Después mencionó a Stefan Zweig y, en particular, El mundo de ayer, una obra que considera fundamental dentro de su producción. Finalmente, señaló dos clásicos españoles: Los gozos y las sombras, de Gonzalo Torrente Ballester, y La Regenta, de Leopoldo Alas «Clarín».
En el caso de Los gozos y las sombras, se trata de una trilogía formada por El señor llega, Donde da la vuelta el aire y La Pascua triste, publicada entre 1957 y 1962. La obra sitúa su historia en una localidad gallega imaginaria durante los años anteriores a la Guerra Civil y permite observar, desde la ficción, la transformación de una sociedad sometida a importantes cambios.
Por su parte, La Regenta, publicada entre 1884 y 1885, presenta a través de Vetusta un amplio retrato de la sociedad española de finales del siglo XIX. La novela de Clarín combina las relaciones personales de sus protagonistas con una mirada crítica sobre la sociedad en la que viven.
Son recomendaciones que, vistas junto a la propia obra de Paloma Sánchez-Garnica, tienen algo en común: la importancia de comprender a los personajes dentro de una sociedad concreta.
Lo que Paloma Sánchez-Garnica busca provocar con sus novelas
En los últimos minutos de la entrevista, Paloma Sánchez-Garnica explicó qué espera conseguir cuando alguien se acerca a una de sus novelas. Para ella, la lectura no debería limitarse a entretener. También debe activar al lector, ponerlo en alerta y provocar preguntas.
Esa idea encaja con la forma en que construye sus historias. Si una novela utiliza un contexto histórico para mostrar cómo determinadas decisiones políticas, sociales o colectivas afectan a personas concretas, el pasado deja de ser algo completamente distante. Se convierte en una herramienta para observar cómo funcionan los seres humanos.
Y quizá ahí está una de las claves de la narrativa de Paloma Sánchez-Garnica: utilizar la historia no como un fin en sí mismo, sino como el espacio en el que sus personajes tienen que vivir, elegir, equivocarse, relacionarse y tratar de salir adelante.
¿Qué te ha parecido?
La conversación con Paloma Sánchez-Garnica deja varias ideas interesantes para quienes escriben o quieren empezar a hacerlo. La primera es que una historia puede surgir de una simple pregunta y crecer a partir de la curiosidad. La segunda es que investigar una época no significa únicamente conocer sus grandes acontecimientos, sino intentar comprender cómo pensaban, vivían y tomaban decisiones las personas que estaban dentro de ella. Y la tercera es quizá la más sencilla: escribir requiere trabajo.
En su caso, la disciplina, la lectura, la documentación y las horas de escritura forman parte del mismo proceso. Y después de escucharla, queda claro que detrás de novelas como La sospecha de Sofía, Últimos días en Berlín y Victoria hay mucho más que una ambientación histórica: hay una búsqueda constante por entender cómo los seres humanos enfrentamos nuestras circunstancias.
